PARTIDO DE LOS TRABAJADORES O PARTIDO OBRERO REVOLUCIONARIO
La consigna de PT no es sinónimo de partido revolucionario ni tampoco es útil para reagrupar en un bloque a la clase obrera en las actuales condiciones. En estos días arriba a la Argentina el dirigente obrero bielorruso Mavtienko, dirigente de un Partido de los Trabajadores y cuya experiencia es presentada por el MST como un camino a seguir en todas partes. No conocemos la experiencia del PT de Bielorrusia más que por las publicaciones del MST y de su corriente internacional y no emitimos juicio respecto de ese caso particular. Lo que sí queremos hacer es polemizar con la concepción, sustentada no sólo por el MST, el PTS y otros grupos, como fórmula mágica para resolver la carencia de independencia política del proletariado y la crisis de dirección obrera revolucionaria.
Desde el punto de vista argentino (y de la mayoría de los países del mundo por nosotros conocidos) el planteo de "Partido de los Trabajadores" reviste tres aspectos centrales a dilucidar.
El primero es si existen condiciones tácticas para impulsar un partido obrero de independencia de clase. El segundo es si ese partido es sinónimo del partido obrero revolucionario, bolchevique, capaz de acaudillar al proletariado a la conquista revolucionaria del poder. El tercero es cuáles condiciones de hierro se imponen en esta etapa histórica a cualquier organización proletaria.
Analicemos uno a uno los problemas.
En BANDERA ROJA Nº 13 (27/11/94) afirmábamos: "El planteo de partido obrero o de los trabajadores como forma de elevar al proletariado hacia la independencia política de clase, se fundamenta cuando existe un tumultuoso proceso de organización sindical obrera y una falta de expresión política del mismo". Reafirmamos categóricamente lo expresado entonces, así no sea nuestro objetivo ni en esa situación. La reiteración machacona de la consigna de PT como solución “mágica" (en un doble sentido) planteada por el MST, el PTS y otros grupos ante la crisis y dispersión de la vanguardia obrera, es una vulgar patraña que carece de las más elementales bases materiales que le puedan dar nacimiento.
La táctica del PT, que es sólo una táctica determinada por las condiciones materiales específicas de desarrollo político-sindical del movimiento obrero, no puede estar por encima de esas condiciones y transformarse en una especie de "deber-ser", un paso ineludible que debe dar el movimiento revolucionario para poder avanzar, así las condiciones materiales sean antagónicas a las que posibilitarían su surgimiento. Se puede discutir el planteo de Posadas o el de Moreno de hace tres décadas, de Partido Obrero basado en la CGT, cuando ésta era una potencia y el referente obligado de todo el proletariado y los explotados del país; se puede opinar —como nosotros—, que si esa política se hubiera concretado habría dado lugar a un partido obrero-burgués por su dirección (Vandor) y su política nacionalista. Pero ese mismo planteo en condiciones opuestas, con los sindicatos en su punto más bajo de afiliación y de descrédito, es una simple tontería. Y esto empeora cuando se lo intenta "bajar a tierra" y se propone que su base sean la UOM de Río Grande, los municipales de Jujuy y la CGT de San Lorenzo.
En primer lugar, con todo el respeto que nos merecen esos sindicatos y sus trabajadores, son expresiones ultraminoritarias del movimiento obrero. En segundo lugar, ninguno de ellos expresa un proceso de irrupción de camadas de obreros y dirigentes independientes en un proceso hacia el clasismo. En un caso interviene el MAS y en los otros el PTP y su supuesta Corriente Clasista Combativa, aliada a las Pymes y a todos los sectores de la patronal que se ponen la camiseta argentina para tratar de evitar que los aplasten los monopolios (incluyendo los "nacionales").
Tal como dijimos en BANDERA ROJA Nº 13: "Ni existe un tumultuoso proceso de sindicalización de las masas ni una corriente obrera sindical políticamente independiente". Por eso es un engaño, y quizá también un autoengaño, la agitación en la Argentina de hoy de la consigna de "Partido de los Trabajadores" como salida política frente a la desorientación y las catástrofes que soportan los explotados.
El segundo problema es si en el hipotético caso de constituirse ese Partido de los Trabajadores, ello sería sinónimo de que estaría más o menos acabada la tarea de construcción del partido obrero revolucionario, por más dificultades que aún tuviese por delante.
Nuestra opinión es opuesta. Estamos convencidos de que la clase obrera de hace un siglo y medio era inmensamente más homogénea de lo que fue posteriormente, en particular desde el surgimiento del imperialismo y de la aristocracia obrera —sobre todo en las metrópolis imperialistas, pero también en sectores del proletariado de las semicolonias y países dependientes—.
La clase obrera sigue siendo la más homogénea de la sociedad pero está muy diversificada y estratificada en el último siglo. Hay amplios sectores que no tienen "sólo las cadenas para perder" y que constituyen un elemento conservador dentro de la propia clase obrera, en el que se apoyaron desde la socialdemocracia al stalinismo, pasando por el nacionalismo burgués y los metalúrgicos argentinos. La tarea central del partido leninista es expresar como vanguardia consciente, los intereses históricos de la abrumadoramente mayoritaria capa más explotada y oprimida de la clase obrera, colocarla como motor y detrás de ella arrastrar —y dividir—, a los sectores relativamente privilegiados del proletariado y de otros sectores asalariados y oprimidos.
Estamos convencidos de que un gran partido obrero indefinido y un partido obrero revolucionario no son en absoluto sinónimos, por más que el primero pueda constituir durante un período transitorio un campo privilegiado de acción táctica de los revolucionarios proletarios, a la vez que puede ser también un freno, una mediación, para la política obrera revolucionaria. Tampoco creemos que la variante más probable sea una de las hipótesis planteadas por Trotsky para el caso del surgimiento de un gran partido obrero en los EE.UU. en la década del 30: que la fracción revolucionaria pueda hegemonizarlo. Esto podría ocurrir si ese partido se constituyera en medio de un gran proceso revolucionario, y los reformistas y oportunistas estuvieran francamente contra la corriente de los acontecimientos revolucionarios (en cuyo caso es altamente improbable que se conformara ese partido obrero en común). De lo contrario —y no sólo porque la experiencia empírica es incontrastable al respecto—, creemos que los revolucionarios pueden y deben actuar transitoriamente en ese frente de batalla —si surge objetivamente y no como "invento estratégico" de algún grupo— pero sin abrigar la menor ilusión en que ese partido pueda convertirse como un todo en el Partido Obrero Revolucionario.
El Partido Obrero Revolucionario es, en tiempos "normales", el partido de un sector —en general reducido— de la vanguardia obrera. En él participan los sectores más conscientes de la clase, aquellos que comprenden los intereses más generales e históricos de la lucha proletaria, una vanguardia que se va educando teórica y prácticamente para —en los momentos clave de la lucha de clases— dirigir al proletariado y a los explotados y oprimidos a la conquista del poder arrancándoselo a la burguesía.
Este tipo de partido de vanguardia, estructurado en esa perspectiva estratégica y basado sobre sólidos principios teóricos marxistas, no puede ser de masas si la situación de la lucha de clases no es revolucionaria, o no está madurando aceleradamente en ese sentido.
Es un partido que se prepara para esas instancias superiores de la lucha de clases mediante una "doble escolaridad" que no termina otorgando diploma ni siquiera con la conquista del poder: 1) la intervención práctica en todas las formas de lucha que libran los explotados y oprimidos; y 2) el afilamiento sistemático de las herramientas teóricas, en inevitable combate contra todas las tendencias oportunistas, pequeñoburguesas o centristas, fruto de la presión de las clases enemigas, o de su polea de transmisión en los sectores más plebeyos, en particular de las ilusiones de la pequeña burguesía en distintos aspectos generados por el sistema burgués en un momento dado.
En condiciones normales, un partido obrero de masas puede ser útil para las elecciones y como elemento de presión para el régimen burgués, pero no para disputar el poder. En "condiciones normales" de la lucha de clases, es decir no revolucionarias, quien impone su política en ese tipo de partidos es el ala derecha del movimiento obrero y de sus superestructuras.
Todo esto hace al tercer problema, el de la independencia política del proletariado. Todo aquel que conciba la formación del partido revolucionario como un proceso de avance de evolución marcha al oportunismo más catastrófico. No se trata de que la clase obrera pase el primer grado, apruebe la independencia de clase y recién entonces pueda acceder al segundo grado, el del partido obrero revolucionario. Esta es una concepción lógico formal opuesta por el vértice a la dialéctica marxista. En la época del imperialismo (y con la socialdemocracia europea como primera y gigantesca experiencia de masas), no hay posibilidades de que exista un partido obrero independiente de la burguesía, si no tiene una política revolucionaria.
En circunstancias excepcionales y muy transitorias puede haber un partido —o un sindicato— que se mantenga brevemente como un híbrido producto de presiones antagónicas de clase. Pero ese híbrido tiende a definirse rápidamente: o evoluciona hacia una política obrera revolucionaria consecuente, o el régimen burgués lo asimila de alguna forma, en mayor o menor medida, y lo convierte en un cuchillo sin filo o, más precisamente, en una rueda más de su engranaje de dominación. En las condiciones imperantes de democracia burguesa, por más bastarda que sea, estas posibilidades de asimilación orgánica al régimen capitalista se potencian. La experiencia del PT brasileño es elocuente al respecto.
Para finalizar digamos que el "partido de los trabajadores" de ningún modo puede ser el objetivo político de los revolucionarios. El intento de crear "partidos obreros" que, por su política y su dirección no pueden ser otra cosa que proburgueses, es el intento interminable de un "atajo" para construir un partido “revolucionario” que se apoyaría sobre pilares podridos.
Pero el oportunismo no es algo que haya nacido hoy. Por eso podemos contemplar la aparente paradoja de la confluencia de Voz Proletaria (N° 1427 de julio pasado) que sigue reivindicando el Partido Obrero Basado en los Sindicatos desde hace 30 años, y Rebelión de los Trabajadores que, en múltiples números recientes, levanta como innovación, treinta años después, la misma política, sólo que reducida a una parodia microcósmica. Si surgiera de la realidad objetiva, o sea que el propio proceso de la lucha de clases empujara hacia la formación de un Partido de los Trabajadores, es natural que los revolucionarios tuviéramos una táctica específica hacia él, pero partiendo de una caracterización contradictoria, no unilateral. Ese proceso tendría, como el dios Jano, dos caras, ya que involucraría junto a un elemento "progresivo" también el intento de domesticación "institucional" del proletariado detrás de una política burguesa, imprescindible para defender el dominio del capitalismo en determinadas y difíciles condiciones para continuar ejerciendo su explotación.
Por ello nuestra táctica partiría de intervenir de lleno para intentar ganar para una política obrera revolucionaria a sectores proletarios e intelectuales atraídos por ese partido, manteniendo la más completa independencia política y organizativa, sin tener la más mínima ilusión de ganar al conjunto ni de "influenciar" a su dirección. Nuestra política estaría enmarcada por la perspectiva más o menos breve de la ruptura. En última instancia, no sería más que una subvariante de la táctica del "entrismo", sólo aplicable por períodos muy breves, con objetivos ultraprecisos y sin perder de vista que se trata de un partido que, de contenido, ha sido creado o posteriormente bastardeado, para cumplir el rol contrarrevolucionario de aliado del gran capital en el objetivo de desviar a los trabajadores de una perspectiva obrera revolucionaria.
Jorge Guidobono
Bandera Roja N°48