editorial: GENOCIDAS de los pueblos
La LSR dedica esta publicación a nuestros hermano/as de clase caídos, y a todos quienes lucharon en estos más de 50 años contra todas las patronales, artífices del golpe y el genocidio, que asesinaron, torturaron y desaparecieron a una generación de vanguardia, al servicio de su ganancia.
Argentina está involucrada en una guerra, por ahora en carácter de aliada y colaboradora de Estados Unidos e Israel.
En simultáneo con esa ubicación internacional, las mismas patronales genocidas de hace 50 años, consuman la peor ofensiva de los últimos tiempos contra los derechos del pueblo.
“Miente, miente, que algo quedará”
El gobierno llega a medio término entregándole al empresariado mucho más de lo que le habrían exigido, en una embestida sin precedentes contra los trabajadores, en todos los terrenos. Solo hasta ahora, y sin contar aún con la crisis energética por la guerra –que hará volar la inflación– debimos afrontar Ley Bases, DNU, desregulación salvaje del estado y servicios, depreciación salarial, ajuste feroz de jubilaciones y prestaciones por discapacidad y golpes represivos.
En la apertura de sesiones de marzo Milei presentó un balance de “contabilidad creativa”, una realidad paralela. En la economía real, la apertura de importaciones desplomó la producción nacional, que funciona por debajo de los niveles de pandemia y que provocó el cierre de millares de negocios y empresas, cayendo el empleo, el consumo y planchando toda la actividad; la reforma laboral no hará más que multiplicar los 300.000 despidos durante este gobierno.
Para cualquier simple observador, la calle habla por sí misma. El hambre irrumpió en plazas, semáforos y contenedores, en los comercios se amontona gente a pedir más que a comprar, a las escuelas los chicos trasladan la crisis por el derrumbe en sus hogares, la desnutrición vuelve a crecer en niños y adultos: la pauperización está en los cuerpos mismos de las personas, en el crecimiento de las adicciones y en cualquier roce callejero que termina en violencia física, extrema, porque la desesperación social explota por algún lado.
Disciplinamiento social y agonía democrática
La gran burguesía viene buscando la reforma laboral hace décadas, y aún sin poder obtenerla –como lo logra hoy– amasó muchas ganancias a lo largo de este tiempo: desde el menemismo y las privatizaciones, las AFJP, la extranjerización de la economía, el negocio de los agroexportadores, la inserción en el mercado chino, todas las políticas de endeudamiento y timba financiera desde Menem y Macri, hasta ahora.
Por eso, la reforma no era solo una urgencia por extraer más plusvalía; en lo fundamental persigue el objetivo del disciplinamiento, apunta a liquidar la organización político-sindical de la clase obrera argentina, la cual, mal o bien conserva aún cierto nivel de conciencia social, sindical, o como se llame. [ver pág. 3]
En este cuadro también entra la CGT, como parte de un cambio de época, como expresión de una estructura sindical formada en el marco de las conquistas de otros tiempos, que hoy liquidan. La CGT, desde hace décadas, no representa la realidad de la nueva/vieja clase trabajadora actual, su diversificación, el 40% de la fuerza laboral informal, la tercerización… no es un problema de “traiciones” de sus dirigentes sino un agotamiento estructural, que se inició en los ´90 (cuando muchos sindicatos se hicieron cuasi empresas, y sus dirigentes, patrones directos)
Hoy tenemos, además, un cambio ideológico. La burguesía ha logrado enfrentar a pobres contra pobres incentivando resentimiento del más “desclasado” hacia los trabajadores formales, condenando en el otro los derechos que él no tiene, una idea que coincide con la derechización en el mundo. Y una vez que esa política caló, vinieron por los derechos de todos. Es un cambio ideológico con base material, que hace que entre esos sectores no haya una “cultura de derechos gremiales”, por lo cual no existe la necesidad de defender lo que nunca se tuvo, lo que nunca conocieron.
En esta desfavorable nueva realidad en el campo popular –que venimos describiendo en números anteriores de Bandera Roja– se asienta una de las fortalezas de Milei. Las otras son el blindaje político y financiero de Trump, y la unidad que aún mantiene la gran burguesía restante en torno a los trazos gruesos: reforma laboral, saqueo de los recursos, alineamiento en lo internacional, bases militares, etc.
Pero las contradicciones existen por todos lados: un ejemplo es el llamativo ataque del gobierno contra Rocca, que quizás provenga por encargue de “más arriba”, siendo que “Don Chatarrín” es un claro socio de Chevron en el festival petrolero que se abrió en Venezuela –donde muchas compañías imperialistas compiten con fuertes intereses–. Y en definitiva ese es el terreno más movedizo de Milei, las peleas entre los grandes capitales en cada mega negocio, y cuya máxima expresión se ve hoy con la guerra permanente de Estados Unidos hacia el mundo, y sus derivas económicas y riesgosidad política. [ver Contratapa]
Otro aspecto de su aparente omnipotencia es el PJ, que se divide entre los que acompañan al gobierno contra el pueblo (senadores varios) y los que asumieron la derrota pero “cumplen” en protestar, todos incapaces ya siquiera de lanzar un cenicerazo al defensor de genocidas o ausentarse del recinto.
La izquierda del FIT se ha consolidado en el imposible lugar de “diputados de los obreros”, tardíamente, es decir cuando la democracia como brazo del estado capitalista está en grado de descomposición y muestra su abominable carácter de clase, en el Congreso más reaccionario de la historia, en la represión callejera, en la violación de todos los derechos, humanos y no humanos… porque el poder real no reside en “el voto popular”, sino en el aparato represivo, en la fuerza su estado de clase: así gobierna la burguesía desde siempre, pasando por el ´76, hasta hoy.
No hay “soluciones”
Actualmente, la cosa hubiera sido peor si no hubiera habido varias manifestaciones contra el gobierno, pero llegados a este momento de la historia, las resistencias que conocemos, muy valiosas y necesarias, son aún insuficientes. Y lo que proponemos asumir es que murió un viejo estado populista (de “bienestar” le llaman otros) que no vuelve más. Por eso también debe ponerse en cuestión el régimen político desde el cual aprendimos a pelear, a exigir, a pensar toda la política. Suele escucharse que la democracia es un sistema “imperfecto pero el único posible”, una santurrada desmentida por la guerra, los golpes, las elecciones sin mayorías, las que son fraguadas por la tecnología, los diez mil asesinatos a manos del aparato represivo (gatillo fácil, represión)…. La democracia capitalista es la máscara que encubre la explotación cotidiana entre las clases sociales, bajo la cual el pueblo viene perdiendo todos los derechos y libertades que alguna vez conquistó.
Los trabajadores no la tenemos nada fácil. La LSR no viene a proponer “soluciones”, simplemente porque no existen. Pero la realidad confirma que las habituales propuestas electorales o el consignismo “luche y luche que los tenemos” quedaron en el arcón de los recuerdos. Intentamos dar pasos prácticos en la acción y en los debates políticos de fondo (tan bastardeados en estos tiempos).
El activismo político y sindical tiene obligadamente esa tarea, entre tantas, la de armar una re orientación política para llevar al movimiento de masas, reconociendo que hoy hay un mundo que cambió, que nada es igual a todo lo conocido, que no se puede pensar ya con los parámetros políticos, sindicales, organizativos e ideológicos del viejo “estado de bienestar”.
Decimos no hay “solución fácil” (y quizás tampoco cercana), pero sí hay un inicio de salida al drama general de los millones que nos hundimos en la descomposición capitalista. Y está en la lucha de masas, que se prepare, se foguee, y aprendamos a enfrentar nuevas situaciones con viejos enemigos. Así, haremos de nuestros desparecidos memoria y bandera, pero sabiendo que la lucha por delante es de nuevo tipo, es por un sistema de cosas opuesto, socialista y revolucionario, construyendo un poder propio para enfrentar y destruir el poder capitalista.
Sería, posiblemente, el mejor homenaje a los obreros que torturó y desapareció la familia de Paolo Rocca en el ´76, los de la Noche del Apagón del Ingenio Ledesma, los de las finadas Fortabat y Herrera de Noble, los entregados por la Iglesia Católica, y todos los asesinados y asesinadas por las criminales patronales de ayer y de hoy.