La tregua en Medio Oriente y la maquinaria imperialista
Por la derrota de Estados Unidos e Israel en Medio Oriente.
Los grandes conglomerados mediáticos del imperialismo, ramificados globalmente y estrechamente vinculados al aparato estatal militar y los lobbies pro-Israel, funcionan como correa de transmisión de la retórica neoconservadora promovidas por Trump y sus seguidores. En una cruzada ideológica que busca encubrir y justificar los genocidios en curso, que se cometen en Irán, el Líbano, Gaza y Cisjordania, protagonizados por Estados Unidos e Israel.
Israel, bajo el
liderazgo de la ultraderecha sionista encabezada por Netanyahu,
despliega una estrategia expansionista en la región, hábilmente disfrazada con
un discurso de autodefensa y alianza incondicional con Washington. Desde hace
décadas, esta alianza imperialista se ha lanzado a eliminar cualquier régimen
que desafíe su dominio geopolítico –como ocurre con Irán que, desde hace 49
años representa un contenedor de resistencia frente a esa hegemonía- y con el
claro objetivo de neutralizar a China que representa un desafío creciente a la
decadente supremacía estadounidense.
La guerra en
Medio Oriente, trasciende lo político militar e incluye un enfrentamiento
económico estratégico. La intervención de Estados Unidos en Venezuela y las
acciones contra Irán buscan privar a China del acceso a enormes reservas de
gas, petróleo y otros recursos energéticos vitales, además de controlar rutas
comerciales fundamentales. La posible anexión de Groenlandia, con sus
abundantes riquezas naturales, también responde a este plan de dominación
global que incluye al Ártico como posición geoestratégica.
En este contexto,
la construcción ideológica impulsada por Trump y su séquito de pastores
evangélicos, que presentan a Estados Unidos como el guardián de las “libertades
y derechos civiles” y protector de la civilización humana contra “terroristas”
y “dictadores” se desmorona ante las evidencias recientes. En Siria, por
ejemplo, Washington colocó al frente del gobierno a un ex líder del Estado
Islámico que representa sus intereses, revelando la manipulación imperialista
detrás del discurso oficial.
En el plano
interno de Estados Unidos, la democracia burguesa se deshilacha cada vez más,
dando paso a un régimen bonapartista caracterizado por la personalización
autoritaria del poder. Esta tendencia se extiende globalmente al ritmo de
tambores de guerra y encuentra en Trump su rostro más violento y despiadado,
reorganizando el estado en una perspectiva de guerra permanente y colonialismo.
Una claro reflejo
de esta política es el accionar del ICE, que exacerba el racismo estructural
institucionalizado, mostrando que la lógica represiva se profundiza.
Desde estas
perspectivas, estas dinámicas evidencian que la tregua propuesta por Estados
Unidos en Medio Oriente es una maniobra más para ganar tiempo para aplacar las
tensiones crecientes dentro del propio establishment estadounidense donde la
fracción financiera se impuso a la guerrerista. Trump arbitra entre fracciones
según la coyuntura, mientras Netanyahu anuncia “que la tregua no es el fin de
la campaña”.
Además, necesita
recomponer su deteriorada imagen de cara a las elecciones de noviembre, en
donde el 70% de la población no está de acuerdo con esta guerra, que relaciona con
el incremento del combustible y los alimentos. Asimismo, las grandes
movilizaciones (NO Kings), que cuestionan las políticas reaccionarias y
guerreristas, el caso Epstein y el anuncio del aumento de los gastos militares
que pretende llevar a un trillón de dólares vía recortes en salud, educación y
agricultura, lo deja al límite de una derrota en las elecciones de medio
término que pondría en una grave crisis al gobierno conservador.
Aunque Trump, con
un discurso triunfalista intente disfrazar la realidad en Medio Oriente, todo
lo que se propuso está lejos de ser un “éxito total”, ni en el plano político
ni en el militar, ni en el económico con los bloqueos y sanciones. Más bien,
deja la imagen de un imperio débil, cada vez más aislado internacionalmente. En
la misma situación se encuentra Israel, aunque Netanyahu esté más fortalecido
en el plano interno.
Los aliados
europeos no acompañaron esta aventura de guerra, luego de la derrota de la OTAN
en Ucrania y paces de factura que resquebrajaron la alianza militar al borde de
la disolución.
China ingresó en
la escena diplomática vía Pakistán y promete seguir abasteciéndose del petróleo
iraní, y si es necesario, escoltar militarmente a sus barcos, ante la amenaza
estadounidense de un cierre total del estrecho de Ormuz.
Turquía amenaza
intervenir en el Líbano para frenar a Israel porque sabe que es el próximo en
la mira sionista.
Las rivalidades
de las potencias imperialistas que buscan controlar riquezas, mantener y
ampliar su poder económico y geopolítico, como consecuencia de la competencia
entre capitales, hace de la tregua en Medio Oriente una utopía.
La verdadera paz
solo será posible cuando las fuerzas populares de la región rompan con la
dependencia de las potencias imperialistas y avancen hacia procesos
emancipatorios que cuestionen los cimientos del sistema capitalista global.
Es para los
explotados indispensable, luchar por defensa de los pueblos agredidos por el
imperialismo: y por su derrota a manos de quien sea.
N.J.