GUERRA COMERCIAL RECARGADA

“Operación Paria” en un escenario de extensión de guerra imperialista

El reciente 2 de septiembre en Kirguistán se reunió la 26º cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái: participaron mandatarios como Xi-Jinping, Putin, Modi, Pezeshkian (Irán) y demás representantes de otros países miembros y aliados. Los líderes firmaron la declaración de Biskek (capital de Kirguistán) en la que expresaron su solidaridad y “apoyo absoluto” a Irán. Cerca de la mitad de la población mundial estuvo representada en esa reunión.

Por esta razón la nueva ofensiva económica (“Operación Paria”) no toca a las grandes entidades financieras chinas que son las que procesan las compras del petróleo iraní, es que el 90 % de sus exportaciones petroleras tienen destino en el gigante asiático y no parece que eso vaya a cambiar. Por lo tanto, las disposiciones intimidatorias, al estilo trumpista, chocan con esta realidad y tienen el rumbo de una nueva frustración, a menos que decida una nueva guerra comercial con China… pero le pesa la experiencia de mayo pasado, cuando tuvo que retroceder. Es que la República Popular produce el 70% de minerales críticos (tierras raras) y controla el 90% de la industria de su procesamiento, que se utilizan en las nuevas tecnologías. EE.UU. está atado de pies y manos ante esta situación.

El anuncio de la “Operación Paria” parece ser la medida propagandística más elegante que encontró Trump para disfrazar la derrota en Medio Oriente, particularmente en Irán. Lo que profundiza la crisis de mando que arrastra el imperialismo para garantizar el orden regional. Los nuevos bombardeos de los últimos días demuestran el fracaso de las medidas. La retirada del portaviones Abraham Lincoln con 5.000 infantes de marina regresando a EE.UU., es todo un signo que pone de manifiesto un cambio de paradigma, que se perfila como un imperialismo en franca decadencia. Los acuerdos de Abraham ni se nombran pero como contrapartida surgió el “Pacto de la Meca” una alianza militar geoestratégica de defensa mutua entre Arabia Saudita, Pakistán, Turquía y con el posible ingreso de Egipto que le daría autonomía en el Mar Rojo y el Canal de Suez (donde China tiene fuertes inversiones), para sacar petróleo hacia Europa. Una alianza que por su denominación intima más a Israel que a Irán, aunque con él disputa el liderazgo del mundo islámico.

El vínculo regional norteamericano-israelí salió herido. Es más, Netanyahu quedó afuera de la negociación con Teherán y terminó rechazando el último plan de reorganización para Gaza, presentado por la Junta de Paz creada por Trump. Si bien Israel no eliminó a Hamas, Hezbollah, los Hutíes o Irán, mantiene un gran despliegue militar que amplía su plan colonizador en Palestina, Líbano y Siria (“Gran Israel”), al que sumó bombardeos en el noreste, generando un comentario negativo del embajador estadounidense en Ankara (“Fue innecesario”) y tensaron aún más las relaciones con Turquía, que tiene más presencia en Siria desde la caída de Bashar al-Asad. El panorama se complica si se considera que Turquía es integrante de la OTAN.

No obstante, no se visualiza una ruptura estratégica en el plano global pese a estos últimos choques. Es que el estado de Israel no puede tirar mucho de la cuerda porque su sostén económico, militar y político es EE.UU. (una alianza de carácter estructural). Los recientes acuerdos con la República del Congo (que tiene grandes reservas de minerales de todo tipo) son ejemplo que lo que la burguesía sionista interpreta es lo mismo que interpretan las burguesías árabes: la debacle imperialista; y busca proteger intereses propios en la región.


Dos plebiscitos punzantes

Si pierde Netanyahu las elecciones, se enfrentará a procesos judiciales de todo tipo, hay que ver en qué medida lo sostienen sus aliados. Su programa de campaña de cara a octubre es el guerrerismo, se ufana de haber convencido a Trump de ir a la guerra contra Irán. A pesar de que la población paga socialmente los costos del estado de guerra permanente que vive, el clima electoral es reaccionario. Los tres partidos con posibilidades de ganar representan a la derecha sionista y el que tiene posibilidades de disputar hegemonía al Likud (principal partido de gobierno) es un ex general que propone el reclutamiento masivo “para todos” en edad de ser convocados, incluyendo a los ultraortodoxos, medida que apoya más del 65% de la población. Y el mayor cuestionamiento a Netanyahu de parte de la oposición es la política exterior que llevó a un deterioro de las relaciones con el resto del mundo, incluido su principal aliado y sostén.

Por su parte, Trump se enfrenta a una posible derrota electoral en noviembre. Pese a que las elecciones son de medio término, el resultado determinará el futuro político del actual ocupante de la Casa Blanca, del frente conservador gobernante y del propio EE.UU. Es que se ve mucha crisis y decadencia social, avance de las derechas religiosas, anti-vacunas y ajustes sociales, que hacen que la primera potencia del mundo por ejemplo padezca un rebrote de sarampión, que más allá de los muchos o pocos casos que se den, se había erradicado.

Por el momento, el fenómeno de la centroizquierda del partido demócrata no parece ser un fenómeno del resultado convulsivo de la lucha de clases. Aunque se expresan sectores de la juventud más radicalizados, contra la alianza con Israel para masacrar al pueblo palestino y de enfrentamiento a las leyes migratorias y la precarización laboral, el panorama político y social es tan reaccionario que obliga a pelear por lo obvio (por sobrevivir en muchos casos). Está todo en un proceso de desarrollo donde prima la polarización en todos los terrenos.

El fracaso en Irán ha erosionado el frente ultrareaccionario en el Partido Republicano, el encarecimiento del crudo se trasladó inmediatamente a los surtidores aumentando la presión inflacionaria, creció el déficit fiscal y la deuda pública superó por primera vez en la historia los 40 billones de dólares, equivalente al 124% del Producto Bruto Interno, los bonos de deuda ya no son refugio para los inversores que buscan otros como el oro, etcétera… No es el mejor panorama hacia noviembre para los ocupantes de la Casa Blanca.


Costos, Espiral, y Negocios de Tercera Guerra

El balance de la operación “Furia Épica” hasta hoy es nefasto. Según datos de la cadena Al-Jazeera, desde el 28 de febrero EE.UU. e Israel lanzaron 3.580 ataques contra territorio persa, quien replicó con 2.053 a bases norteamericanas en Kuwait, Qatar, Arabia Saudita, Bahréin y Jordania, dejándolas inoperativas. La crisis del estrecho de Ormuz elevó el precio del petróleo un 22% y la caída de las reservas estratégicas en un 40%, las más bajas desde 1982 (por eso anuncia el acuerdo-saqueo en Venezuela con bombos y platillos). El costo de la guerra oscila entre 80.000 y 100.000 millones de dólares, estima el Pentágono. A pesar de la enorme maquinaria de guerra, EE.UU. hoy se encuentra en una crisis por escasez de municiones y armas de alta precisión. Además, tiene el compromiso de venderle armamento a Europa para que se lo suministre a Ucrania. En consecuencia, no podría sostener otro conflicto paralelo, mucho menos que involucre a China. Más bien, está obligado a un impasse para recuperar fuerzas. Lo que haga en Medio Oriente en adelante tendrá estas limitaciones. 

Mientras tanto se refugia en Latinoamérica y muestra como gran triunfo el saqueo de las reservas del petróleo venezolano (con participación de la dirigencia bolivariana) y amenaza con el control de Malvinas, una manera de presionar a Gran Bretaña para que se involucre en el control de los pasos marítimos, en militarizar más la zona bajo la dirección político-militar del Comando Sur. Argentina es cabecera de playa en este proyecto imperialista continental y de los preparativos de un enfrentamiento militar con China, que además sigue jugando fuerte en su patio trasero.

También hay quienes hablan de un choque inevitable entre Rusia y Europa, que objetivamente arrastraría a China y EE.UU. El Kremlin afirma que el Reino Unido participa en forma directa en el conflicto ucraniano, prepara el reclutamiento de 500.000 soldados y amenaza con responder a Alemania e Inglaterra por la intensificación de los bombardeos al interior de Rusia por parte de la OTAN.

Ucrania quiere ser el Israel de Europa central, mientras vive una crisis política interna. Fédorov, ex ministro de Defensa y de Transformación digital, fue expulsado del gobierno por Zelensky por pedir elecciones y denunciar corrupción… Pero lo fundamental es su discrepancia con la cúpula militar “tradicional” en la reconfiguración de la guerra por las nuevas tecnologías. El hoy asesor de Innovación y tecnología militar del Ministerio de Defensa de Italia, había sido el impulsor de la utilización de los drones autodirigidos que comienzan a hacer daño en el sector energético de Rusia. Con ese fin se instaló en Kiev, de la mano de Fédorov y de sectores de la burguesía, la empresa de capitales italianos Leonardo (gigante industrial especializado en los sectores aeroespaciales y de seguridad, uno de los grandes grupos de defensa del mundo). Acá, como en Venezuela, la “democracia” es solo cortina de humo.

El apartamiento de Elon Musk del gobierno norteamericano, las renuncias de generales y la última del secretario del Ejército tienen que ver con la misma pelea en EE.UU.: qué sector abastece y dirige la reconfiguración armamentística de la mano de las nuevas tecnologías. Drones autogestionados, guerra aeroespacial, genética, laboratorios y mucho más.

Es que toda la logística militar pegó un giro en los laboratorios de Gaza, Irán y la guerra en Ucrania donde, por ejemplo, se puso en evidencia que un dron de “bajo costo” puede provocar mucho daño en estructuras cruciales, y que las armas convencionales que los neutralizarían tienen costos diez veces mayores.

Esta realidad nos muestra el enfrentamiento existente entre las burguesías armamentísticas de las principales potencias por quién dirige el proceso de reconversión de las FFAA con las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial, un estado de pelea permanente por el negocio, tanto en el Pentágono como en la OTAN.

Todo esto, a su vez, alimenta el contexto general: cada vez hay más actores involucrados en los conflictos, es decir, se respira un clima de tercera guerra mundial, que en tiempos históricos se encamina a pasos agigantados.

N.J.

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