40 años después, 1983 - 2023
La Argentina en marzo de 1976 fue el último país de la región en ser asaltado en todo sentido por un golpe cívico militar. Antes ya se habían instalado dictaduras en Chile, Uruguay, Bolivia, Paraguay, Brasil, un proceso que fue denominado Plan Cóndor que no fue otra cosa que una campaña de represión política y terrorismo de Estado respaldada por Estados Unidos. Implicó detenciones, secuestros, interrogatorios con tortura, desaparecidos y asesinatos. Los principales jefes de esos gobiernos de facto fueron entrenados en la Escuela de las Américas de EE.UU. que funcionaba en Panamá: Pinochet, Videla, Galtieri, Hugo Banzer, Velasco Alvarado y otros.
Argentina también fue el primero de este conjunto de países en recuperar el sistema de gobierno denominado democracia. La dictadura fue derrotada en gran parte por un sector pequeño al principio, acompañado luego, que lo hizo multitudinario. Fueron mujeres, Las Madres, experiencia realmente popular, de resistencia y lucha que recorrió el mundo.
En todo este tiempo, el movimiento popular, la vida de trabajadoras y trabajadoras ha cambiado sin lugar a dudas, pero en lo que refiere a mejorar su propia existencia y la defensa de sus derechos no fue por la recuperación de un sistema de gobierno, fue por su propia resistencia, fluctuante eso sí, como siempre lo ha sido la lucha de clases.
Las formas y modos de producción sobre todo en la industria y en los servicios han cambiado y lo seguirá haciendo. Trabajadores cada vez más están alejados del producto que ellos mismo construyen. Las nuevas tecnologías van reemplazando la fuerza de trabajo manual, técnica e intelectual; la robótica, la adopción del teletrabajo son formas que se van a ir profundizando, por ejemplo a partir del desarrollo y aplicación de la Inteligencia Artificial entre otras. ¿Menos explotación?, para nada, se va a incrementar, y la alienación también.
Así mismo el trabajo, cual fuera este, no es para todos, el capitalismo y la economía de mercado necesitan mantener la existencia de un porcentaje alto de desocupados y precarizados.
Alrededor de 2010 la relación trabajo-capital era de un 50% para cada uno, esa relación ha ido cambiando en beneficio del segundo. El año 2022 culminó en Argentina (punto más o menos) con el 45% de su población debajo de la línea de pobreza, de ese porcentaje el 15% es indigente. Por el contrario, en la cúspide de este triángulo social se ubica el 5% más rico: los multimillonarios.
El capitalismo por más que use el maquillaje que le otorga las grandes cadenas internacionales de información, economistas acólitos, representantes de entidades económicas y políticos, no puede ocultar su decrepitud, su senilidad a todas luces inocultable. Veamos algunos de sus actores. Estados Unidos con todo su poder militar se fue de Afganistán con el rabo entre las patas, tiene severísimas dificultades para frenar el avance de China en el mercado mundial, dicho sea de paso, accediendo ésta al podio como primera potencia comercial. Al también anciano Joe Biden solo le dio para hacerse presente sombríamente en Kiev, como demostración de dudosa fuerza ante un más dudoso e incoherente Vladimir Putin.
A la Comunidad Europea no le va mejor. Convertida en un gran geriátrico, sin iniciativas ni dinamismo propio para mitigar la crisis de la región, ve pasar como pasivo espectador el declive capitalista del viejo mundo. Ni siquiera es capaz de generar líderes propios de predicamento como supo formar en otras épocas.
En este panorama existe un gran peligro: las guerras, como la de Rusia y Ucrania, otros enfrentamientos que se dan en África y Asia; en Latinoamérica gobiernos de derecha en varios países, deudas externas pagadas con el hambre de los pueblos y proto golpes. El capitalismo no es suicida, va a recurrir a todas las formas posibles para sobrevivir, cueste lo que cueste, destruirá fuerzas productivas que como se sabe, el ser humano está incluido, la Naturaleza y el ecosistema terrestre también.
40 años en el mundo y en la Argentina. Las perspectivas entonces son pocos halagüeñas si no se plantea la necesidad de cambios profundos, entendiendo además que los tiempos cada vez son más reducidos. El socialismo y la emancipación de los trabajadores es la alternativa, nadie ni nada ha podido todavía demostrar lo contrario. Eso sí, habrá que aportar nuevos elementos y acciones para desarrollar la lucha de clases (otro fundamento que es imposible ignorar), construir nuevas formas de organización, desechar otras por viejas y obsoletas o transformarlas. El socialismo deberá ser revolucionario y la movilización de los explotados y explotadas una práctica ineludible.
Carlos Mertens
Autor del libro "Volví, soy Luis Franco" junto a Jorge Federico, entre otras publicaciones