La OTAN y una paz con olor a pólvora: en Gaza y Ucrania el capitalismo se manifiesta sin rodeos

Con el derrumbe de la Unión Soviética y el “triunfo de las democracias neoliberales”, los teóricos del capitalismo nos prometían un “mundo de paz”, progreso y cooperación entre los pueblos. Hoy a 34 años de ese suceso, la realidad nos muestra la verdadera esencia de las “democracias capitalistas” cuyo “mundo de paz” se asienta sobre miles de cadáveres en Ucrania y Gaza. La voracidad imperialista no deja margen para la “paz”: disputas geoestratégicas entre las principales potencias por el control de los viejos y nuevos recursos energéticos del planeta, guerras comerciales y un militarismo creciente. Ello compromete a los gobiernos a elevar los presupuestos de defensa, en detrimento de las condiciones de vida de los pueblos y para lo cual no escatiman esfuerzos en atacar los salarios, condiciones laborales, beneficios sociales y conquistas democráticas, históricas y recientes, arrancadas con grandes luchas al régimen.

Hace un año, en tanto, China y Turquía analizaban propuestas de paz para poner fin al conflicto entre Moscú y Kiev, Jens Stoltenberg, jefe de la OTAN comandada por EEUU, anunciaba con bombos y platillos que Ucrania ya estaba lista para lanzar su contraofensiva de verano. Azuzada por un ejército de publicistas al servicio de la propaganda imperialista, pretendía recuperar territorio ocupado en manos de Moscú, incluida la península de Crimea ubicada en el Mar Negro, rica en yacimientos de petróleo y gas natural, lo que la hace de una enorme importancia económica y estratégica, que además le permite el acceso a Rusia al Mediterráneo.

La creciente participación de la OTAN y de la Unión Europea liderada en esta empresa por EEUU, le asignó, definitivamente, un carácter internacional al conflicto, dejando al desnudo la posibilidad de una guerra abierta contra Rusia.

Se destinaban para esta misión brigadas ucranianas adiestradas en territorio alemán y en otros países integrantes de la alianza atlántica, más el suministro de millones en armamento. Del mismo modo se intensificaban las sanciones económicas al Kremlin, ya promulgadas al inicio del conflicto, como la confiscación de divisas en el exterior, que perseguían el aislamiento y el debilitamiento de la economía rusa. Un combo de medidas para intentar debilitar internamente a Putin y así generar una crisis política que devenga en un cambio de régimen.

De más está decir que ninguna propuesta de paz fue aceptada sino que se forzó el ingreso a la OTAN de Finlandia y Suecia con la finalidad de cercar al “Oso Ruso” en el Báltico en la carrera por los recursos del Ártico donde Moscú ya mantiene una presencia estratégica. Es una zona en disputa desde siempre, máxime cuando el deshielo promete facilitar la extracción de las incalculables riquezas, del mismo modo que abriría nuevas rutas marítimas, principalmente hacia China. Como se puede ver, los combatientes ucranianos se desangran en las trincheras por intereses muchos más concretos que la defensa de la “democracia”, tal como nos vende la campaña mediática al servicio de las grandes corporaciones de occidente.

Los intereses en juego son la explicación de por qué no prospera ninguna propuesta de paz ni se respetaron los acuerdos firmados en 2014-2015 –Protocolos de Minsk–, y hoy se reconoce que fueron utilizados para ganar tiempo y rearmar a Ucrania, como lo admitió la ex-canciller alemana Ángela Merkel en una entrevista en diciembre de 2023. 

En este momento, el estrepitoso fracaso de la “contraofensiva ucraniana” conducida estratégicamente por la OTAN, no solo expone una crisis político-militar interna del gobierno de Zelensky, sino también en la Unión Europea y el propio EEUU. En este último, con fisuras en el establishment que se manifiestan en la disputa entre Biden y Trump de cara a las elecciones presidenciales de noviembre próximo, donde el republicano se perfila como candidato para volver al Capitolio y es partidario de una negociación con Rusia, en descrédito de la OTAN. Por eso los republicanos bloquean los US$ 60.000 millones para Ucrania, porque ven la imposibilidad de que ésta gane la guerra. No obstante, existe una presión muy fuerte de las elites que ostentan el poder norteamericano (el complejo militar-industrial) por continuar con la ayuda.

Como contrapartida, Rusia se afianza en lo económico (con un crecimiento del 3% del PBI en 2023), y en esa misma línea asume la presidencia de los BRICS. Y en el plano militar progresa en el campo de batalla, panorama que allana el camino a que el régimen de Putin se consolide internamente. La cuestión de fondo es que está fracasando la estrategia global del intento de debilitar el bloque Beijing-Moscú y los BRICS.


El conflicto en Europa del este reestructura el panorama internacional

El fracaso de la OTAN profundiza el ya cuestionado orden mundial liderado por EEUU, máxime con la humillante retirada de Afganistán en agosto del 2021. De la misma manera golpea al bloque de potencias europeas que sufren las consecuencias de destinar millones en armas para los fracasos ucranianos. Principalmente a Francia y a Alemania, que pierde el liderazgo económico en la Unión Europea, esencialmente porque EEUU logró imponer la comercialización de su gas natural en el continente, en detrimento del proveniente de Rusia, de menor costo.

En esta situación de realineamientos geopolíticos es donde encaja el conflicto en Palestina, con grandes reservas de gas natural en Gaza y Cisjordania, que es desde donde Europa intenta, también, reemplazar el gas ruso.

Por eso Netanyahu ofrece suculentos negocios a las corporaciones de energías y de servicios estadounidenses y europeas, luego de una posterior colonización de los territorios palestinos. Es un intento de afianzarse como el alfil de Norteamérica en la disputa con Irán y Arabia Saudita; también Turquía se perfila como un actor de importancia. Por su lado China intenta conectar el comercio de Medio Oriente con sus áreas de influencia. Los actuales ejercicios navales conjuntos de China, Irán y Rusia en el Golfo de Omán (Cinturón de Seguridad Marítima 2024), dan cuenta de la tensión en la zona por donde pasa una quinta parte del petróleo y el 20% de gas licuado (GNL) que se comercializa en el mundo. De manera que, una extensión del conflicto en Gaza, como viene ocurriendo, indefectiblemente involucraría a Irán, que mantiene latente la amenaza de restringir el paso por el estrecho de Ormuz, lo cual pondría en peligro el suministro de petróleo y energía en el mundo, lo que afectaría duramente a Europa que ya sufre las consecuencias de la guerra en Ucrania.

Este panorama profundiza las crisis internas y las contradicciones de las burguesías regionales, entre quienes especulan con negocios con el imperialismo norteamericano e Israel o con el bloque China-Rusia.


Un régimen agotado

La voracidad de rapiña imperialista hace que los conflictos se multipliquen en el mundo profundizando la tendencia guerrerista del último período. Así se manifiesta en Gaza, no solo por los niveles de violencia que toda guerra deja ver, sino por niveles de barbarie extrema, con un genocidio y exterminio por hambruna deliberada de la población de la Franja, que no deja margen para el asombro acerca del futuro de la especie humana si el capitalismo sigue rigiendo los destinos de los pueblos del mundo. Tal vez sea la antesala de la amenaza de los voceros de la OTAN de una intervención directa en territorio ucraniano, que desataría una guerra a gran escala con el uso de material nuclear.

Cambiar este presente que amenaza el futuro está en manos de l@s millones que comienzan a movilizarse en contra de la guerra en Europa y del genocidio del pueblo palestino, de los trabajadores y los jóvenes que van a derramar su sangre en las trincheras de uno y otro lado por las aventuras guerreristas de las burguesías de sus países.

Jorge Guidobono escribía en Bandera Roja N°56, del 21/03/2002: “Entramos en una etapa de guerras, crisis y revoluciones. Las dos primeras dependen sólo de la lógica capitalista. En las últimas, interviene también la acción de las masas explotadas y de su vanguardia socialista revolucionaria e internacionalista. Está abierto un período muy complejo, trágico y, posiblemente, glorioso. Los revolucionarios tenemos que tener muy claro cuál es el norte: sin destruir al capitalismo y al imperialismo continuarán y se agravarán los horrores de la guerra a los de la miserable vida de los pobres bajo el capitalismo. Pero esa tarea no solo es necesaria sino también posible de realizar. Porque el capitalismo es un régimen agotado. Y cuando un régimen así se ve impelido a apelar crecientemente a la violencia, es porque pierde capacidad de mantener hegemonía social e ideológica”.

En el presente, esta perspectiva del capitalismo se ha agravado y con ello, la necesidad de una revolución socialista internacional.

N.J.

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