DEBATES "PARTIDO DE TRABAJADORES": ¿Un camino a la independencia de clase?

En los años sesenta inicié la militancia política en el POR (1) en Uruguay y Posadas levantaba para la Argentina la consigna eje de un POBS (Partido Obrero Basado en los Sindicatos). A mí, joven y poco experimentado, me parecía que había descubierto la fórmula de la victoria. 

Treinta y cinco años después estoy convencido de que era la búsqueda de un atajo que no sólo no se dio en la realidad: si se hubiera dado tampoco hubiera sido un paso hacia la revolución o, como mínimo, hacia la "independencia de clase". Hubiera constituido la construcción de un partido, obrero por su base social, pero burgués por su política y funcional como válvula de contención del régimen capitalista si la lucha de clases apretaba fuerte. En esos casos, la burguesía necesita apelar a sus capataces pequeño burgueses, y poco le importa si su origen social es obrero, profesional, intelectual o lo que sea. Lech Walessa trabajaba como operario electricista en el astillero Lenin de Gdansk en los años '80 y fundó el sindicato Solidaridad, en contraposición al podrido sindicalismo estatizado de la burocracia stalinista. Y Solidaridad, por su política y dirección fue el ariete para la restauración capitalista en Polonia. Lula también era un joven obrero metalúrgico del cordón industrial paulista; y el PT (Partido de los Trabajadores) brasileño se ha ido desplazando gradualmente hacia la derecha procapitalista, es un agente del Vaticano y se perfila como el recambio de Cardoso para administrar la dominación capitalista. 

Los procesos de hace dos décadas en Polonia y Brasil comparados con los actuales de la lucha de clases en la Argentina son algo así como "la revolución al rojo vivo" con el recular en chancletas de la burocracia peronista, incluido Moyano. Lo único que tienen en común es que también en la Argentina, el Vaticano y otras iglesias, ponen algunas fichas a mano de estos viejos burócratas hoy "combativos", "por si las moscas". Pero es en lo único en que se parecen. 

Treinta y cinco años después: POBS "a la Moyano" (sale Vandor, por muerto, y entra Moyano) 

Los sindicatos de hoy no viven de la "quiniela sindical" como el vandorismo (2) y otros repugnantes privilegios y negociados de hace décadas. Hoy, son parte integrante del régimen de explotación y beneficiarios plenos del mismo. A la vez, su separación de la base obrera es casi absoluta, como se demuestra en el ocaso de los sindicatos y la CGT, en la falta de delegados en las empresas o en la función mafiosa de algunos, como se vio en el caso reciente del chantaje económico con la vida de los 160 obreros de la construcción que patrones y burócratas mandaron a la muerte el año pasado por "inseguridad laboral". 

La burocracia sindical peronista no es parte de la clase obrera: se apoyó en ella para catapultarse económica y socialmente y formar parte, así sea marginalmente de la burguesía. Su discurso "obrero" tiene el mismo valor que el discurso "comunista" de Brejnev o Gorbachov, o el "democrático" de Yelsin y del pirata Clinton. 

Es bien evidente que la formulación de "partido clase" hecha por Marx en el Manifiesto Comunista data de 1848. Su concreción fue el Partido Laborista inglés y sus actuales jefes imperialistas, tipo Tony Blair, no significaron un milímetro de progreso en la lucha revolucionaria por derrocar el dominio burgués. Por el contrario, constituyeron un brutal engaño a los trabajadores, a los que encuadraron bajo el capitalismo, en general a cambio de concesiones económicas que, en Europa, éstos tuvieron que devolver aportando decenas de millones de muertos en las dos guerras mundiales. 

Por más que muchos hipócritas han pretendido transformar a Marx en una biblia de "dios ateo", y a sus escritos en una biblia laica, es evidente —un siglo y medio después— que el desarrollo capitalista fue mucho menos simple que lo que él llegó a analizar en la parte de Europa que conoció y estudió. Y esto se aplica claramente a las clases sociales, cuyo desarrollo fue mucho más complejo que el previsto por Marx, si bien tuvo aciertos gigantescos en el pronóstico de la dinámica de las mismas. 

Sintéticamente, es evidente que la clase trabajadora no es homogénea en su composición. Que el proletariado industrial en países como Estados Unidos, ha dejado de crecer desde antes de la primera guerra mundial de 1914, en beneficio del sector servicios (3). Salvando algunas coyunturas excepcionales, ese proceso se siguió extendiendo a lo largo del siglo XX por el planeta. Y en el último cuarto de siglo combinó cambios tecnológicos con una desocupación crónica inédita. 

En condiciones "normales" de explotación capitalista, la mayoría de los asalariados no está dispuesta a jugar su vida, su trabajo, su libertad y su estabilidad, así ésta sea precaria, lo que los convierte en "conservadores" relativos. Sólo una minoría, por experiencia, educación, tradición, es capaz de trabajar obstinadamente por la revolución anticapitalista y constituye una vanguardia. Cuando las contradicciones inherentes al capitalismo impiden la explotación "normal" y empujan a grandes masas a abismos de miseria en forma abrupta (o degradación repentina de sus condiciones de vida) es que se abre la posibilidad de que la vanguardia consciente empalme con la mayoría. Esta es normalmente pasiva y está embrutecida por mil mecanismos, con base en la explotación, pero la propia crisis burguesa la empuja a la acción, sea por crisis económica abrupta, por guerras u otras catástrofes. 

Dicho de otra forma: un partido revolucionario sólo podrá ser de masas en medio de una situación revolucionaria y de la irrupción de grandes sectores sociales —normalmente pasivos e indiferentes—, a quienes las condiciones materiales empujen perentoriamente a la lucha revolucionaria, al todo o nada. En las condiciones actuales de la Argentina, por ejemplo, si surgiera un PT, o como se le llame, no sería una palanca hacia la revolución, sino más bien un dique burgués de contención frente al hueco que va dejando el peronismo, agotado su ciclo histórico como agente de la conciliación de clases. Inglaterra, Brasil y muchas otras experiencias, avalan esta afirmación. 

¿Conciencia por etapas? 

Varias fuerzas de izquierda coinciden en un planteamiento/reclamo común: que Moyano, De Gennaro, o quien sea, rompan con la burguesía así no sea al servicio de un proyecto revolucionario, pero que sea independiente del capitalismo. Esta es, en el mejor de los casos, una formulación de autoengaño. No hay posibilidad de un proyecto sindical o, menos aún, político, independiente de la burguesía, que no sea en lucha revolucionaria contra ella. Es simplemente intentar reeditar lo hecho por la socialdemocracia europea hace más de un siglo, sin tomar en cuenta que esa supuesta independencia, partidos socialistas, sindicatos y bibliotecas obreras, terminaron enterrados en el barro de las trincheras de la guerra imperialista en la que cada partido apoyó a "su" imperialismo y mandó a la masacre a "su" clase obrera. Sobre la evolución (en un sentido positivo) de la conciencia de los trabajadores, queda mucho por estudiar y escribir; sobre cómo lograr que se junten la vanguardia y la retaguardia, la conciencia antimperialista con la internacionalista y muchas otras cosas más. Lo que sí está descartado por la experiencia histórica de un siglo largo, es la posibilidad de un avance gradual, etapista: primero reformista, para alcanzar, finalmente, el posgrado revolucionario. Toda la historia del siglo XX pone un rotundo mentís a esta teoría evolucionista. Por el contrario, esa concepción expresa la timorata cobardía de la pequeña burguesía que pretende que los trabajadores desarrollen su conciencia política como la burguesía manda que se realice la educación: primario, secundario y universitario. Lo cual, como cualquiera sabe, sólo puede producir burros con títulos. Y en política es aún peor: los Moyano (o Magoya) no serán una diagonal hacia la independencia de clase de los trabajadores. Si surgen supuestos frentes independientes liderados por estos personajes o sus allegados, lo harán con objetivos opuestos: el bloqueo a la radicalización anticapitalista y revolucionaria de los explotados. 

 JORGE GUIDOBONO

Bandera Roja N°17

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(1) Partido Obrero Revolucionario, de ideología trotskista, inspirado y orientado por el dirigente de la IV Internacional conocido con el nombre de J. Posadas. 

 (2) Por Augusto Timoteo Vandor, secretario general de la UOM en los '60, bajo cuya directiva la burocracia sindical controlaba el juego clandestino en el Gran Buenos Aires. 

 (3) Ver Eric Hobsbawm, Historia del siglo XX

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