PARTIDO LABORISTA 1945: un partido de base obrera con política y candidatos burgueses, por Jorge Guidobono
Hace medio siglo se fundó el Partido Laborista de Cipriano Reyes, una semana después del 17 de octubre. Las enseñanzas que dejó permitieron una gigantesca prueba en el laboratorio social, a nuestro juicio opuestas por el vértice a las de quien, como Mercedes Petit en el semanario del MST, pretende ver allí la fundación de “un partido obrero independiente”.
Hay partidos de base obrera que levantan en sus inicios un programa por lo menos declarativamente socialista y candidatos obreros reformistas, estilo el PT brasileño de su primer período. El mecanismo de integración como soportes de izquierda del régimen burgués suele ser paulatino y confuso, salvo que grandes hechos de la lucha de clases muestren que, al margen del origen de sus votos, su programa, política y dirección son proburguesas y cumplen una función necesaria para mantener el régimen democrático burgués.
Dejemos de lado el hecho de que definir a un partido sólo por su base social es para los marxistas completamente parcial e incorrecto –porque nos llevaría, por ejemplo, al absurdo de definir al peronismo como un “partido obrero”–, y vayamos al caso del Partido Laborista de 1945.
Fue lo opuesto a “un partido obrero independiente”: fue la gran escoba electoral de un candidato y una política burguesa y militar personificada en Perón. Va en contra del pensamiento marxista más elemental pretender pintar al Partido Laborista como un “partido obrero independiente”, salvo que se quiera decir que era “independiente” de los intereses históricos del proletariado y servía como masa de maniobra de los intereses de una facción de la burguesía, del ejército y de los curas.
El laborismo nunca fue un partido obrero independiente sino que organizó a los obreros al servicio de la burguesía y sus intereses. La miserable cárcel con que pagó Perón este servicio hace a un aspecto menor: el rechazo de los dirigentes que organizaron el partido Laborista –Reyes y Gay– a la estatización completa del movimiento obrero, que ellos mismos le facilitaron a Perón con el decisivo apoyo que le brindaron en las elecciones del 24 de marzo de ese año. Para la articulista de marras este elemento accesorio merece la mitad de su artículo, para golpear sentimentalmente con lo que no puede demostrar con razones. Según dice la periodista: “El 24 de octubre se reunieron dirigentes y activistas obreros ligados a la Secretaría de Trabajo y Previsión [¡el estado burgués!] que dirigía Perón [¡el ejército!], a la CGT Nº 1 [antiyanqui] y a los sindicatos autónomos”. ¡Esas fuerzas alumbraron el Partido Laborista! Hacer esa descripción y concluir que allí nació “un partido obrero independiente” está por detrás de la autocrítica de la iglesia por la condena a Galileo y su afirmación de que la tierra era redonda y se movía.
Pero lo más importante de todo es la conclusión obvia que la articulista no puede alcanzar mientras su organización siga manteniendo la tramposa muletilla con la que se autoestafa de “formemos un PT”, y es que éste, si se constituyera por fuera de una dirección revolucionaria (ver BANDERA ROJA Nº 17) sólo sería una herramienta más en manos de la burguesía, “nacionalista”, o “imperialista”, como el Partido Laborista británico.
J. G.