DEMOCRACIA en el mundo: SENIL y AGONIZANTE
Estados Unidos es una de las democracias burguesas más vieja y el modelo de casi todas las demás. Pero supera a todas, y en menor tiempo, en ser la democracia imperialista más genocida y golpista de la historia. Solo por Vietnam, América Latina e Iraq, carga con millones de muertos.
Tras la voladura de las Torres Gemelas, el espionaje estatal fue legalizado, acumulando miles de desaparecidos y torturados en la cárcel de Guantánamo, acusados de terrorismo sin juicio previo ni derecho a defensa.
En el estado de derecho “modelo”, la policía se arroga el derecho a acribillar, armar causas y encerrar inocentes; las cárceles están pobladas, mayoritariamente, por negros y latinos, a pesar que son minoría en el país. La discriminación es estructural e histórica, el oscurantismo religioso y la censura cultural del estado, también.
Con dichos pergaminos, hay quienes insisten en defenderla como una democracia por el hecho de que se puede “elegir” a quién votar (descontando los múltiples requisitos para lograrlo) En efecto, blancos, negros, latinos, asiáticos, identidades sexuales varias pueden votar, se hacen internas partidarias, grandes campañas electorales. Pero hay un gigantesco filtro de reaseguro, el Colegio Electoral. En EUA existe una ley por la cual no hay que cumplir la voluntad popular de la mayoría, pilar de cualquier democracia. Puede ser presidente el que pierde en cantidad de votos si lo elige el gran elector, que es el aparato del Colegio Electoral. Allí, se cuentan los votos del ganador en cada estado, los votos del perdedor no cuentan, es como si no hubieran existido. En el 2000, ganó el demócrata Al Gore pero asumió Bush porque la Corte Suprema lo resolvió cinco votos contra cuatro. En 2016 ganó Hillary Clinton pero gobernó Trump. Y en 2021, por si quedaban dudas de su apego a la democracia, incentivó la toma del Capitolio por grupos fascistas.
Es que los monopolios, rompen sus propios marcos legales cuando necesitan seguir “acumulando” sin reglamento. Hoy más que nunca, a la democracia norteamericana no la gobierna “el pueblo a través de sus representantes” sino el poderoso complejo militar industrial (que arrastra otros enormes sectores) que a su vez encabeza la sociedad de genocidas llamada OTAN, la que instigó la guerra en Ucrania.
En Francia, cuna de la revolución democrática, libertad, la igualdad y la fraternidad mutaron a racismo, xenofobia y discriminación estructural. No se reconoce oficialmente la existencia de racismo, pero la policía electrocutó hasta la muerte a dos jóvenes negros de un barrio humilde, persigue musulmanes y reprime cientos de manifestaciones. Francia nunca abandonó su sesgo cultural esclavista.
En Alemania con la crisis económica brota el antisemitismo como los hongos después de la lluvia; lo mismo el racismo y el nacionalismo contra inmigrantes de todas las naciones. Los partidos tradicionales fueron enjuagados en “coaliciones” por la falta de representatividad. El viejo bipartidismo, marca de origen de la alternancia capitalista, está en estado de coma, pero crecen a paso firme los neonazis.
En el Reino Unido, ¡donde aún hay monarquía! se vota. Como imperio colonial, oprime aún varias nacionalidades hace siglos, y ocupa territorios en todo el mundo, como el de Malvinas.
En Italia y Hungría, el sufragio universal –pilar de la democracia– eligió a la ultraderecha, que amputará los derechos de las minorías étnicas, raciales e identidades diversas.
En Grecia se vota, pero las decisiones más importantes las tomaron el FMI, el Banco Central Europeo y cuatro magnates que diezmaron al pueblo trabajador de la primera democracia –ateniense– de la historia, a pesar del rotundo NO al acuerdo sobre la deuda en el referéndum 2015.
En Polonia, Ucrania y los Balcanes, (después de desmembrarlos con guerras fratricidas) se impuso la democracia occidental. Hoy, son simples peones de la OTAN, sin que nadie en sus países haya “elegido” esa salida.
Otros aliados de Estados Unidos
En Israel se vota, pero la política general la comanda el ejército. Toda la información masiva que difunden los medios es previamente supervisada por el Estado Mayor. La guerra de ocupación contra los árabes fue su razón de existir, por lo que el ejército fue imponiendo su autoridad de facto sobre los habitantes, a los que tiene amarrados en condición de “reservistas”. En Israel los habitantes votan, pero sus candidatos y sus presidentes son casi todos ex generales del ejército… curiosa democracia civil. Se auto denomina “democrático” y construyó un muro electrificado de 800 km, como continuidad de su política de apartheid y genocidio contra el pueblo palestino.
En Turquía se vota, pero los presos políticos son objeto de numerosas violaciones de los derechos humanos, como el aislamiento prolongado, la tortura y la prohibición de libros y ocio. Las detenciones y juicios por “apoyar al terrorismo” o “insultar a un funcionario público” se cuentan de a cientos. Además el estado turco sostiene la persecución y la represión del pueblo kurdo, en complicidad con el estado iraní, iraquí y sirio.
En Arabia Saudita no hay sufragio universal como hay en EUA, pero no importa porque tiene mucho petróleo. Lo que sí hay, como en EUA, es pena de muerte (uno decapita personas, el otro las electrocuta)
Las democracias de América Latina
En México se vota, y se apilan cadáveres de miles de periodistas, líderes indígenas, sindicales, estudiantiles, y hay miles de desaparecidos, por el Estado y los narcos. Lejos de “mandar el pueblo en la urnas” lo hacen unos señores como el multinacional Carlos Slim, que factura en pocas horas lo que a todo México le lleva un año. El resto lo gobiernan las burguesías narco, proveedoras del amo del norte.
En Colombia se vota, aunque estuvo en guerra civil 70 años y fue financiada durante décadas por los EEUU, que instaló siete poderosas bases militares y preparó el Plan Colombia para la intervención militar regional y para apropiarse de la droga. El estado y los paramilitares asesinaron a cientos de miles entre ex guerrilleros, sindicalistas y luchadores sociales, sin contar la represión contra la rebelión social de 2021.
En Panamá, la provincia que EUA le robó a Colombia, instaló 14 bases militares, entre ellas una muy conocida, la “Escuela de las Américas”.
En Perú, reinó el terrorismo democrático de Fujimori. En los últimos seis años hubo cinco presidentes, ninguno terminó el mandato. En la reciente movilización popular contra el golpe proyanqui, la elegida en urnas, Dina Boluarte, carga con más de setenta asesinatos por la represión estatal.
En Paraguay se vota, incluso durante la dictadura de 35 años de Alfredo Stroessner quién se reelegía por fraude. Allí la democracia es 61 años del Partido Colorado en el poder (con el puño de hierro de Stroessner) y el latifundio y el contrabando que usufructúan las FFAA con EEUU que financiaba la lucha anticomunista. En 2008 Fernando Lugo fue electo presidente y destituido poco tiempo después por el Congreso opositor.
Ese “estado de derecho” capturó, torturó y asesinó a dos niñas y desapareció a Lichita Villalba, hija de Carmen Villalba, presa en condiciones infrahumanas y sin derecho a defensa legal.
En Brasil también se vota, pero EUA destituye presidentes, encarcela dirigentes comprando jueces y apoya militares y fascistas para la presidencia. Apenas ganó Lula las patronales de camiones cortaron rutas; luego, las hordas pro fascistas coparon los edificios de gobierno y su líder, Bolsonaro, sigue protegido en Miami. El poder que ejercen terratenientes del agronegocio, militares y empresas evangélicas, hace que se asemeje más a una monarquía medieval que a una democracia liberal.
En Bolivia también se vota, pero la tensión es permanente con los ataques de las poderosas derechas racistas cuyo último golpe fue en 2019 contra Evo Morales. Un ex presidente, “el Goñi” Sánchez de Lozada, hablaba mejor inglés que castellano, y recién en el siglo XXI se legalizaron el quechua y aimara, los idiomas de las amplias mayorías. Las rebeliones por el agua y el gas a principio de siglo demostraron cuan democrático es el usufructo de sus extensos recursos naturales.
En Chile se volvió a votar una vez pactada la impunidad para el genocida Augusto Pinochet en 1989, a quien la democracia ungió como senador vitalicio y con fueros.
Frente a la rebelión popular de 2019, la democracia de los carabineros dejó cientos de heridos y muertos, mientras la democracia popular se ejercía en las calles. Entonces, la burguesía echó mano al plebiscito y la asamblea constituyente para desviar el proceso vivo y en la calle. Hoy se evalúa construir una cárcel especial para la población mapuche, a quien tanto las derechas como los “izquierdistas” decidieron combatir hasta el final, como “ejemplo de inclusión” por parte de la democracia. También se militarizó la frontera norte para “recibir” a los inmigrantes y complacer los reclamos de la derecha.
En Uruguay se vota mucho, pero rige una “ley de lemas” por la que el voto a fulano puede hacer ganar a mengano. Se hacen plebiscitos, referendos, consultas populares... pero ninguna urna pudo derogar la ley de impunidad que en 1986 perdonó a los genocidas, aunque el referéndum de 2022 sí podrá poner fin al derecho de huelga y otras conquistas.
Para hablar de la democracia en China, Rusia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Irán o Corea del Norte, ya saturan las cadenas des informativas imperialistas.
La democracia de los capitalistas en todo el mundo no es capaz de garantizar paz, alimento, educación ni salud a las mayorías. Ninguna de las tareas democráticas, como el reparto de la tierra, la independencia nacional y, en muchos casos ni siquiera las garantías procesales de elementales derechos civiles, puede ser realizada, evidentemente, bajo el régimen democrático burgués que, en su descomposición, los está arrancando todos.
Pedro M.