ASAMBLEAS BARRIALES: semillas que dejó la rebelión popular

La noche del simbólico 20 de diciembre una movilización espontánea, batiendo cacerolas y enfrentando en los hechos el Protocolo represivo recién estrenado, daba respuesta al Gobierno que con el mega DNU emprendía su ofensiva a pocos días de asumir, sumada a la devaluación del 50% una semana antes. Se daba impulso así al resurgir de asambleas barriales en CABA y algunos territorios bonaerenses, incomparables desde cualquier punto de vista con las del 2001/2002 (por su origen, dinámica, situación político-social, ¡hasta el mundo es otro!), pero mostrando que todo nuevo proceso parte de la experiencia anterior acumulada y no desde más atrás, a pesar de todo el esfuerzo que hacen las clases dominantes por enterrar la memoria histórica de las clases explotadas.

Reaparecieron de forma muy muy incipiente todavía, como parte de esta nueva realidad que abrió la guerra de los grandes capitalistas y sus representantes políticos contra el pueblo. Con importantes disparidades en los procesos y participación de cada asamblea en particular, hoy son embrionarios espacios en construcción para el encuentro, la catarsis colectiva y el debate, para escuchar y ser escuchad@, así como una forma práctica de procesar y enfrentar junto a otr@s (y no individualmente) una realidad que angustia. Con sus fluctuaciones, son también ámbito de acciones locales de protesta (como los cacerolazos semanales) y de organización (más o menos real, según la asamblea y la ocasión) para participar en diversas movilizaciones sectoriales o generales, o para actividades especiales en el barrio.

Como semillas que dejó plantada la rebelión popular del 2001 y que apenas parecen recobrar alguito de vida, es imprescindible regarlas y cuidarlas, para que no sean una farsa y tengan la posibilidad de desarrollar su potencial como herramientas de organización para las masas explotadas, si el proceso social más general y subterráneo pegara un salto (lo que no está garantizado ni puede descartarse). 

Como militantes por la revolución socialista y producto de la experiencia de la que fuimos parte hace más de dos décadas, estamos convencid@s de que para poder construir esa herramienta es imprescindible la unidad, la masificación y el método democrático. Y esto vale para cualquier organismo que pretenda servir realmente a los intereses de los sectores populares.

Defender la UNIDAD de la heterogénea composición social y política de las asambleas, impulsando el nucleamiento de trabajador@s ocupad@s (formales e informales), desocupad@s, jubilad@s, estudiantes, ex-asalariad@s empujad@s al cuentapropismo, “emprendedores”, comerciantes, etc., con un objetivo en común: oponernos a las medidas del Gobierno y sus consecuencias; sin importar a quién votó cada quien y/o las trayectorias políticas y/o las posiciones ideológicas. Respetando las decisiones de cada sector para sus demandas específicas, ese es el único punto que hoy nos re-une y debe ser el único excluyente hoy.

Apostar a la MASIFICACIÓN, poniendo en práctica todas las ideas que surjan para difundir la asamblea y convocar cara a cara a participar, como volanteadas en puntos neurálgicos y en distintos momentos del día o cacerolazos que recorran el barrio o encuestas pensadas para el diálogo.

Impulsar un MÉTODO DEMOCRÁTICO, fundado en escuchar todas las opiniones, en el debate fraterno y respetuoso, en la paciencia ante quienes se acercan por primera vez, en el protagonismo real de l@s vecin@s, en estipular una hora de cierre para que el conjunto tome las resoluciones y en respetar las decisiones del colectivo.

Sin una práctica democrática real y cotidiana no habrá unidad, sin unidad no habrá masividad y, sin masividad, el muy incipiente renacer de la semilla asamblearia será ahogado antes de haber podido siquiera ver el sol. Opuestas a esas necesidades son ciertas políticas de algunas organizaciones de las izquierdas, que se enfocan en confrontar con todo lo que huela a kirchnerismo/peronismo (sean vecin@s, otras asambleas, o espacios de coordinación) y dividen antes de empezar a andar; o sostienen prácticas burocráticas que obstaculizan su desarrollo y crecimiento, haciéndolas expulsivas o quitándoles toda utilidad para la pelea (desde forzar votaciones maratónicas sin claridad ni maduración de la discusión, o "inventar" comisiones que diluyen el debate político y la acción de la asamblea misma, hasta multiplicar “el deber” impracticable de apoyar infinidad de conflictos que hacen imposible la participación real de l@s vecin@s).

No se trata de una cuestión “moral” o de que se generen incomodidades: ante el enemigo que enfrentamos NO SIRVE ser “poc@s pero convencid@s y abnegad@s”, esa política simplemente no es útil frente al desafío que tenemos planteado como pueblo trabajador.

Por el contrario, el proceso asambleario en los barrios debe tender a crecer, fortalecerse y extenderse; uniendo, multiplicando y aportando a las diversas resistencias que enfrentan al Gobierno, hasta derrotarlo en las calles. Y al calor de ese proceso ir construyendo un poder popular que, retomando el “que se vayan todos”, sea capaz de disputar el poder a los capitalistas porque para que se vayan, hay que echarlos.

M.O.Lote

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