CENTRALES SINDICALES: su agotamiento y nuestros desafíos

Que los dirigentes sindicales “hacen la plancha” o “negocian” lo sabe cualquier trabajador, los sindicalizados y los que no, que son la otra mitad del país. 

Para todos los trabajadores (formales, informales, monotributistas, con “pluriempleo” o desocupados) la política de las centrales obreras siempre fue la misma, y hoy les resulta irrisoria frente al “plan motosierra” del gobierno y las patronales. Si la primera acción de la CGT para frenar los cañonazos de Milei, fue presentar un “amparo judicial” en los Tribunales, poco más podía esperarse en adelante. Luego llegó el paro de doce horas y la movilización del 24 de enero que, como es costumbre, nunca se orientaron a fondo para golpear la estabilidad política del gobierno y el bolsillo de las patronales, sino a “presionar para que dialoguen” a los que “dialogan” con motosierra en mano. Ambas medidas, pese al esfuerzo de movilizar y parar por parte de millones de trabajadores, terminaron siendo una “válvula de escape” de la bronca popular. Y es solo un ejemplo más de la experiencia hecha por las masas con los sindicatos.

La prueba más patente la tuvieron en diciembre de 2001, cuando la brutal represión en la plaza no los convocó a poner su enorme estructura para resistir junto al pueblo, sino a ausentarse y hasta casi patear en contra. Por eso estuvieron en la lista del “que se vayan todos”, escrachados y vapuleados.

El problema no es, entonces, las supuestas “ilusiones” que la gente tenga en la dirigencia gremial (como lo razonan las izquierdas “para embretar a la burocracia” desde una eterna exigencia de planes de lucha y huelgas generales) sino que son los restos malolientes de un pasado que “fue próspero”, pero no vuelve. Tocó su fin en los 90 con la ofensiva mundial del capitalismo, que trajo la desocupación masiva, la precarización, privatizaciones y con ello nuevos negocios a los que fueron re convertidos los viejos y grandes sindicatos.

Hoy, Luz y Fuerza comparte un porcentaje del paquete accionario con las empresas que generan, las que transportan y las que distribuyen la Energía en todo el país. 

La Unión ferroviaria, es accionaria principal de la concesión del ramal Belgrano Cargas, y además vende servicios de mantenimiento y tendido ferroviario a las otras empresas. 

Los Petroleros, además de su millonaria mutual de salud, tienen ART propia, es decir, una empresa que cobra a otras empresas el servicio de asesoramiento para no perder plata por accidentes de trabajo, y otros millonarios negocios paralelos.

El conglomerado de Medios informativos “Grupo Octubre” explota con salarios de indigencia a los trabajadores de Página 12, entre los demás, y su principal patrón es Víctor Santamaría, secretario general del sindicato de porteros, además dirigente del PJ. (1) 

Empresas de empleo tercerizadas, negocio turístico, créditos bancarios, medicina, cursos de formación pagos para el puntaje docente, etc., conforman los verdaderos intereses, constantes y sonantes, de la mayoría de los sindicatos, privados y estatales. La vieja “burocracia sindical” ya no vive de la cuota sindical de los afiliados, si no de una parte de su plusvalía, directa o indirectamente, razón más que suficiente para hacer la plancha o negociar, por ejemplo, la reforma laboral y jubilatoria en las que estarían muy interesados.


¿Por qué los sindicatos dejaron de ser una herramienta útil para la lucha? 

El capitalismo monopólico, imperialista, logró limar el perfil revolucionario que habían adquirido los sindicatos a principios del siglo XX, y en el caso de la Argentina hasta los integró al “estado de bienestar”, una época excepcional, de cierto desarrollo industrial independiente y mucha plata bajo el gobierno peronista, que educó políticamente a millones de obreros en la conciliación de clases, sustituyendo el objetivo histórico de la lucha por el poder y la liquidación de la burguesía, por la “justicia social”. Para tal objetivo, la antigua “vida sindical”, el perfil combativo y antipatronal se fueron extinguiendo hasta convertirse estructuras rígidas, autoritarias, corrompidas y de matonaje, incompatible con la democracia sindical de bases. Con ello se transformó también el rol del delegado, de organizador diario de la lucha antipatronal, a ser un nexo, un “mediador”, con la patronal cuando surgían los conflictos. 

Hoy, por regla general, un delegado está puesto allí por el sindicato mismo, y no elegido por sus compañeros cotidianos de trabajo en pleno conflicto. Muchas veces el delegado se presenta en una asamblea “en representación del sindicato”, no de sus compañeros (a no ser que se lo impongan de hecho) y está naturalizado así porque es parte de una cultura política en el país. 

Los sindicatos no son ni “independientes” ni de los trabajadores, sino de la burocracia, que está atornillada de mil formas al estado y los partidos políticos. Por eso son impotentes para organizar una verdadera pelea a la altura de los nuevos desafíos, condicionados por otra realidad económica, política y cultural de los explotados.


Nuevas realidades

La UCA señala que, hasta 2022, el ingreso medio de los trabajadores informales fue casi la mitad de la de los trabajadores formales, del sector público y privado. Todos esos trabajadores están por fuera del sistema de salud a no ser por la salud pública. Dentro de ellos se encuentran los monotributistas, presentados como modelo de “independencia laboral”, obligados a pagar aportes que no es otra cosa que un impuesto a esa misma precarización.

Es un botón de muestra para ver por qué, desde hace décadas, los procesos sociales más importantes se dieron por fuera de la CGT y la CTA en Argentina, aunque no solo aquí. Desde la rebelión popular de 2001, el surgimiento inmediato de asambleas masivas que debatían y deliberaban bajo una verdadera democracia, las movilizaciones feministas por Ni una Menos, 8 de marzo, por el derecho al aborto legal, etc., demuestran que ha muerto una época de los grandes partidos y sindicatos nacidos al amparo del estado benefactor, lo mismo que el régimen de democracia relativamente aceptable, hoy cada vez más asfixiante. Solo queda el reflejo de soñar con ese pasado, pisado por el mismo capitalismo en creciente descomposición, guerra y violencia de todo tipo.

La lucha sindical, es decir, reivindicativa, seguirá siendo el disparador del reclamo por mejores condiciones de trabajo y salariales. Como en SanCor o Acindar, la patronal exprime la plusvalía a los trabajadores y èstos se defienden luchando, porque adentro de los lugares de trabajo nace la explotación misma. La posibilidad de organizarse dentro de los sindicatos es válida, porque la vida misma está llena de contradicciones, y en algunos de ellos perduran ciertos resquicios de democracia. Y es un deber, también, defenderlos de los ataques patronales y los gobiernos de turno, ya que no serán ellos quiénes salden nuestras cuentas con la dirigencia gremial.

Sin embargo, en términos más amplios, por su política y metodología, en un proceso de lucha y movilización más general, deben ser superados en los hechos mismos, por una política orientada siempre a superar sus propios límites, de lo sectorial a lo general de la rama, de lo local a lo regional, de lo estatal a lo privado, de lo nacional a lo internacional…de lo sindical a lo político.

La ofensiva patronal en curso busca desarticular las organizaciones sindicales y sociales de los trabajadores para avanzar hacia una reforma estructural de todas las relaciones laborales. Los trabajadores debemos oponernos desde las más amplia unidad, pero tomando la organización en nuestras manos con la mayor democracia de bases posible, y con una política consecuentemente antipatronal como única garantía de llevar nuestras luchas al triunfo.

P.M.

(1) Ver “Una tendencia mutante de los sindicatos obreros…” (Dossier 2022- Marcos Britos)

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