REFORMA PENAL JUVENIL: delincuentes son ellos
Una pareja llega a una soleada y paradisíaca isla de la costa española a disfrutar de unas vacaciones, pero no tardan en descubrir que en la isla no hay adultos, por alguna extraña razón los mismos han desaparecido y solo se encuentran con niños jugando y riendo en cada rincón.
Esta es la propuesta inicial de la película ¿Quién puede matar a un niño? de Ibañez Serrador, que busca mostrar, llevando las circunstancias al extremo y en un contexto terrorífico y asfixiante, qué es lo que podría suceder si los niños decidieran rebelarse contra los adultos responsables de las violencias a las que son sometidos de manera cotidiana a lo largo y ancho del mundo.
Es una metáfora que sirve para desnudar un tema muy ponderado pero poco profundizado: las consecuencias que tienen las relaciones basadas en la explotación y opresión en los niños, niñas y adolescentes, y qué propuesta de desarrollo se les ofrece dentro de esta sociedad que se torna cada vez más podrida y decadente.
Vienen avanzando contra nuestros pibes y pibas
La "batalla cultural" que bombardea cotidianamente nuestras cabezas con discursos violentos y reaccionarios, se despliega con una política que arrasa con los derechos de jubilados, trabajadores y personas con discapacidad. Este saqueo, que precisó recrudecer la represión en todos los niveles, encontró el pasado 27 de enero un nuevo chivo expiatorio en el Senado cuando una amplia mayoría aprobó una reforma penal para encerrar niñas/os desde los 14 años.Esta medida, dirigida sin escrúpulos ni medias tintas contra los hijos e hijas de la clase trabajadora, representa un retroceso de 50 años, asimilándose a la edad de punibilidad establecida bajo la última dictadura militar. Esta ofensiva punitivista se apoya en una construcción mediática persistente que satura las pantallas con noticias sobre inseguridad, responsabilizando a los jóvenes que "ni estudian ni trabajan". Sin embargo, los datos oficiales de 2025 desmoronan este relato: solo entre el 2% y el 3% de los delitos totales son perpetrados por menores de edad, lo que demuestra que la "escalada delictiva juvenil" no es más que una mentira para estigmatizar a los sectores más empobrecidos.
Al estilo marioneta nos señalan a les "pibes" como enemigos, desviando nuestra atención de los verdaderos responsables de la crisis social mientras se aseguran la materia prima para seguir alimentando el negocio de las cárceles ya rebosantes de pobres y "ladrones de gallinas". La insistencia en la "mano dura" y la "tolerancia cero" no solo busca el encierro, sino que allana el terreno para una ofensiva represiva contra la clase trabajadora en su conjunto. Pero la política consciente y coherente para destruir a las infancias y adolescencias no se limita solo al aspecto punitivo: en Argentina, casi 5 millones de chicas/os de hasta 14 años viven en la pobreza, lo que significa que crecen privados de sus derechos más elementales. Esto, sumado a la soledad, el abandono y la falta de perspectivas de futuro, triplicó la tasa de suicidios en los últimos 30 años: cada día un joven entre 10 y 19 años se quita la vida.
La "industria" del encierro
En 2025, sólo en la Ciudad de Buenos Aires se destinaron más de 70.000 millones al sostenimiento de las cárceles mientas el hacinamiento y las condiciones de vidas siguen siendo inhumanas ¿A dónde va ese dinero? Ingresa al Sistema Penitenciario para llenarles los bolsillos a quienes lo dirigen y a las empresas que ganan contratos millonarios con el Estado.Un ejemplo de este engranaje es la reciente licitación en Santa Fe para un nuevo centro de encierro con 18 empresas interesadas, la obra cuenta con un presupuesto oficial de exactamente 110.000 mil millones destinado a encerrar poco más de mil personas. La privatización de las cárceles es otro negocio capitalista y para hacerlo crecer solo necesita de un Estado que le garantice leyes cada vez más punitivas.
¿Por qué criminalizar a un niño?
Ante la pregunta, el Estado argentino respondió: el sistema capitalista puede, y lo hace a través del encierro y la estigmatización de su juventud. Mientras tanto, la violencia social, producto de un sistema que nada tiene para ofrecerles, crecerá exponencialmente hasta que la solución sea el encierro de un niño de 5 años.La libertad quedara entonces para quienes subastan el agua, los glaciares y las tierras de la Patagonia mientras contaminan el planeta. Para aquellos que se benefician de los negocios multimillonarios del narcotráfico -del que les pibes son la mano de obra barata- o de las redes de abuso gestionadas por las elites financieras y políticas como acaban de comprobar los archivos del caso Epstein donde el propio Trump está señalado como pedófilo y abusador, junto a otro montón de reconocidos personajes.
Serán verdaderamente quienes viven de nuestro trabajo a costa de nuestra salud, robándonos cada vez más nuestro tiempo de ocio.
No hace falta que nos maten para que nos roben la vida, y eso ya está sucediendo. Porque una sociedad insegura es aquella que ignora quién es su verdadero enemigo.